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Archivo: Enero 2009

Homo florensis

lpiedra 27/01/2009 @ 22:00

Kieran McNulty, profesor de antropología de la Universidad de Minnesota (junto a su colega Karen Baab, de la Universidad de Stony Brook en Nueva York) ha hecho una contribución importante al debate de la comunidad científica en el que se pretende dilucidar uno de los más grandes misterios paleoantropológicos en la historia reciente: Que los esqueletos fosilizados que se parecen a la especie ficticia conocida como "Hobbit", obra del novelista J.R.R. Tolkien, representan una especie completamente nueva en la cadena evolutiva de la humanidad.

Estos esqueletos homínidos fosilizados fueron descubiertos en la isla indonesia de Flores en el año 2003, y desde entonces la controversia los ha rodeado. Los expertos todavía debaten si estos restos de 18.000 años de antigüedad pertenecen tan sólo a una población diminuta de seres humanos modernos (con un individuo exhibiendo microcefalia, una cabeza anormalmente pequeña) o si representan una rama anteriormente no reconocida del árbol genealógico humano.

Empleando métodos de modelación 3D, McNulty y sus colaboradores compararon las características craneales de este "hobbit" del mundo real con las de un fósil humano simulado (de estatura similar) para determinar si tal especie era o no diferente a los humanos modernos.

Los Homo floresiensis tienen cráneos parecidos a los de especímenes muertos un millón de años antes, y en otras partes de su cuerpo recuerdan a nuestros ancestros humanos de hace tres millones de años. Pero los Homo floresiensis vivieron hasta épocas muy recientes, siendo contemporáneos de los seres humanos modernos.

Comparando la simulación del cráneo original encontrado en la isla de Flores en 2003, McNulty y Baab fueron capaces de demostrar de manera concluyente que el cráneo de "hobbit" original cumplía con las expectativas a favor de una pequeña especie homínida fósil, y no de las de un ser humano moderno de pequeña talla.

La estructura craneal del cráneo fosilizado, según las conclusiones de los autores del estudio, claramente coloca al "hobbit" en el mismo género que la humanidad, Homo, aunque era más pequeño en tamaño corporal y cerebral que los otros miembros.

Los resultados del estudio sugieren que la especie teórica de "hobbit" pudo haber sufrido un proceso de reducción de tamaño después de haberse separado del Homo erectus (uno de los ancestros más distantes de la humanidad moderna), o incluso de un ancestro todavía más primitivo.

"Hemos mostrado con este estudio que los procesos de reducción de tamaño aplicados a los homínidos fósiles explican muchas características vistas en el cráneo fósil de Flores", asevera McNulty. "Se hace mucho más difícil, por ende, defender la hipótesis de que el cráneo preservado perteneció a un humano moderno que simplemente sufría una enfermedad muy rara".

Evolución sexual

lpiedra 23/01/2009 @ 17:15

Una nueva investigación de la Universidad de Pittsburgh finalmente podría proporcionar pruebas sobre las etapas iniciales de la evolución de los sexos separados, una teoría que sostiene que machos y hembras evolucionaron de ancestros hermafroditas. Se sabe muy poco sobre estas etapas iniciales, debido al mucho tiempo transcurrido desde entonces, lo cual ha dificultado, o en algunos aspectos imposibilitado, el estudio de esa transición.

Sin embargo, Tia Lynn Ashman, una ecóloga especializada en la evolución vegetal, del Departamento de Ciencias Biológicas de la citada universidad, ha documentado la evolución inicial de sexos separados en una especie de fresa silvestre que aún realiza una transición desde el hermafroditismo.

Estos resultados también se aplican a los animales (mediante la teoría unificada) y proporcionan la primera prueba que apoya a la teoría que sostiene que el establecimiento de sexos separados fue consecuencia de una mutación genética en genes hermafroditas que condujo a cromosomas sexuales masculinos y femeninos. Con la capacidad de reproducirse pero sin el riesgo de engendrar descendencia con defectos por culpa de la autofertilización en los hermafroditas, los sexos separados prosperaron.

El estudio también muestra que las plantas pueden proporcionar conocimientos sobre la evolución animal y humana. "Tenemos la oportunidad de observar la evolución de cromosomas sexuales en las plantas porque esa evolución es más reciente", apunta Ashman. "No veríamos esto en los animales porque los cromosomas sexuales se desarrollaron hace mucho tiempo. En su lugar, podemos realizar un estudio de una especie que ahora esté en esa etapa inicial y aplicarlo a los animales basándonos en la teoría unificada, la que sostiene que la biología animal y la vegetal se superponen a menudo".

Para el estudio actual, Ashman y Rachel Spigler trabajaron con una especie de fresa silvestre en la cual no está completa la evolución de sexos separados, de forma que existen plantas hermafroditas entre las plantas masculinas y femeninas. Los cromosomas sexuales en estas plantas tienen dos posiciones de genes en un cromosoma: una que controla la esterilidad y la fertilidad en las plantas masculinas y la otra en las femeninas. Los descendientes que heredan ambas versiones de fertilidad son plantas hermafroditas capaces de autorreproducirse. Las plantas que poseen una versión de fertilidad y una de esterilidad se convierten en masculinas o femeninas. Aquellas que tienen ambas versiones de esterilidad son completamente estériles, no pueden reproducirse, y, de este modo, mueren sin dejar descendencia.

Las plantas de un solo sexo no sólo se reproducen entre sí, sino también con plantas hermafroditas, y transmiten la mutación, lo cual puede originar descendientes de un solo sexo. También puede originar plantas estériles, pero las plantas con genes que favorezcan la producción de descendientes fértiles tienden a ser más exitosas.

Cuando se tienen en cuenta los efectos nocivos de la autofertilización en las hermafroditas, se debe esperar un descenso gradual del número de plantas de esta clase. Como consecuencia, se trasmitirán menos cromosomas con ambas versiones de fertilidad y aumentará la frecuencia de individuos de un solo sexo.

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