La Compleja Evolución de los Ancestros de los Cetáceos
28 de Octubre de 2009.
Cuando los ancestros de los cetáceos actuales, como ballenas, delfines y marsopas, comenzaron a adaptarse al medio acuático, se generaron varios cambios evolutivos. ¿Pero qué pasó primero, un cambio desde una dieta herbívora a una dieta carnívora, o la pérdida de su capacidad de caminar? Un nuevo estudio resuelve este debate utilizando un conjunto de datos masivo de la morfología, el comportamiento, y la genética de parientes evolutivos, vivos o fósiles.
Los ancestros de los cetáceos probablemente se mudaron al medio acuático antes del cambio en su dieta (y en sus dientes) para incluir el comportamiento carnívoro. El Indohyus, un herbívoro semiacuático extinto de hace 48 millones de años, y los hipopótamos son los más cercanos a los cetáceos cuando se reconstruyen las relaciones evolutivas del grupo mayor.
Michelle Spaulding (Museo Americano de Historia Natural) y su equipo mapearon las relaciones evolutivas entre más de 80 especies y/o géneros vivos o fósiles. Estos fueron calificados según 661 características morfológicas y conductuales (como la presencia de pelo o la forma del hueso del tobillo). Se añadieron también cuarenta y nueve nuevas secuencias de ADN de cinco genes nucleares a la mezcla de más de 47.000 características, con datos tanto morfológicos como genéticos basados en análisis anteriores realizados por Maureen O'Leary de la Universidad de Stony Brook y John Gatesy de la Universidad de California en Riverside.
El equipo encontró que el árbol evolutivo menos complejo coloca al Indohyus y a fósiles similares cerca de las ballenas. Los hipopótamos siguen siendo los parientes vivos más cercanos.
No es fácil determinar las secuencias de ciertos cambios evolutivos, cuando se solapan unos con otros. La ballena más antigua probablemente comía presas en el agua cuando todavía era capaz de caminar por tierra. El Indohyus tenía algunas adaptaciones para oír bajo el agua, pero también comió plantas, mientras que el Ambulocetus (una ballena que caminaba y que vivió hace aproximadamente 50 millones de años) parece haber sido un animal carnívoro.
Los resultados del estudio sugieren que los ancestros de los cetáceos iniciaron su transición al medio acuático antes de volverse carnívoros, pero que la dieta carnívora se desarrolló mientras estos ancestros todavía podían caminar por la tierra.
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del.icio.us Creer es Ver
Creer es Ver
23 de Octubre de 2009.
La sabiduría popular nos dice que “ver es creer”, pero una nueva investigación sugiere que a la inversa también se da; "creer es ver", por lo menos en lo que se refiere a percibir las emociones de otras personas.
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Un equipo internacional de psicólogos de Estados Unidos, Nueva Zelanda y Francia ha descubierto que la manera en que pensamos inicialmente sobre las emociones de otros predispone nuestra percepción (y memoria) subsiguientes ante sus expresiones faciales. Así que, una vez que interpretamos una mirada ambigua o neutral como de enfado por ejemplo, después la recordamos como una mirada de enfado, sin la sutil duda inicial.
Solemos creer que nuestras expresiones emocionales son un modo inequívoco de comunicar cómo nos sentimos, pero en las interacciones sociales reales, las expresiones faciales son mezclas de múltiples emociones, y están abiertas a más de una interpretación. Esto quiere decir que dos personas pueden tener recuerdos diferentes sobre el mismo episodio emocional, y aún así estar ambas en lo cierto sobre lo que "vieron".
Los resultados de este estudio tienen implicaciones que van más allá del terreno cotidiano de las relaciones humanas. Afectan muy especialmente a quienes tienen problemas en la percepción de las emociones de los demás, como aquellas personas socialmente ansiosas o traumatizadas. Por ejemplo, el individuo socialmente ansioso tiene interpretaciones negativas de las reacciones de otros que pueden distorsionar permanentemente sus percepciones de los sentimientos e intenciones, perpetuando sus creencias erróneas incluso ante pruebas de lo contrario.
Otras aplicaciones de los hallazgos de este estudio incluyen la memoria de los testigos oculares: Un testigo de un crimen violento, por ejemplo, puede atribuir malicia a quien lo ha perpetrado, una impresión que, según los investigadores, influirá en su recuerdo del rostro y la expresión emocional del autor del crimen.
Los investigadores presentaron a participantes en el experimento fotografías de caras humanas, sometidas mediante técnicas de morphing a una transformación gradual de sus rasgos de expresión. En el primer pase, todos los rostros mostraban un estado emocional ambiguo. Se pidió a los participantes que dedujeran si esos rostros mostraban felicidad o enojo.
Entonces, los participantes miraron películas de las caras cambiando lentamente la expresión, de enfado a felicidad, y se les pidió que encontraran el punto de la secuencia que correspondía exactamente a la fotografía que habían visto antes. Las interpretaciones iniciales de las personas influyeron en sus recuerdos: Las caras inicialmente interpretadas como de enfado fueron recordadas expresando más ira que las caras inicialmente interpretadas como felices.
Piotr Winkielman (Universidad de California en San Diego) y Jamin Halberstadt (Universidad de Otago en Nueva Zelanda) han intervenido en el estudio.
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LOS DOS MODOS QUE LAS MUJERES TIENEN DE JUZGAR EL ATRACTIVO FISICO MASCULINO
Las mujeres evalúan el atractivo facial de los hombres en dos niveles; un nivel sexual, basado en características específicas de la cara como la mandíbula, los pómulos y los labios, y un nivel no sexual basado en la estética en general. Así lo indican los resultados de un reciente estudio llevado a cabo por los psicólogos Robert G. Franklin y Reginald Adams, de la Universidad Estatal de Pensilvania.

En el nivel sexual más básico, el atractivo representa una cualidad que debería incrementar el potencial reproductivo, como la fertilidad o la salud. En la parte no sexual, el atractivo puede ser percibido como un todo, donde el cerebro juzga la belleza basándose en la suma de todas las partes que ve.
Pero, hasta ahora, este concepto de proceso dual no había sido comprobado.
Con el fin de estudiar cómo las mujeres usan estos métodos para determinar el atractivo facial, los psicólogos mostraron a 50 estudiantes universitarias heterosexuales varios rostros masculinos y femeninos. Les pidieron que puntuasen a las personas que veían, como pareja para citas hipotéticas, y como hipotético compañero o compañera de laboratorio, en una escala de uno a siete. La primera cuestión estuvo dirigida a invocar una base sexual para la determinación del atractivo, mientras que la segunda estuvo dirigida a una base estética. Esta parte del experimento sirvió como punto de partida para la próxima fase.
Luego, los psicólogos mostraron los mismos rostros a otras 50 estudiantes heterosexuales. Sin embargo, algunos de estos rostros estaban divididos horizontalmente, con las mitades superiores e inferiores en direcciones opuestas. Los científicos pidieron a estas participantes que evaluaran el atractivo global de los rostros enteros y el de sus divisiones, en la misma escala.
Los investigadores calcularon que, al dividir los rostros en mitades y alterar el procesamiento facial global de las sujetos de estudio, las mujeres se basarían más en rasgos faciales específicos para determinar el atractivo físico. Pensaron que esta ruta sexual saldría a relucir particularmente cuando las participantes vieran rostros de hombres que les resultasen más interesantes como pareja para citas hipotéticas que como compañeros de laboratorio. El estudio mostró exactamente esto.
Por lo tanto, con un nivel estadístico significativo, dividir los rostros en mitades hizo que las mujeres utilizaran una estrategia puramente sexual para procesar los rostros masculinos. Los resultados del estudio verifican que estas dos maneras de evaluar el atractivo facial existen y pueden actuar por separado en las mujeres.
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Futuro salvaje
Interesante video que nos presenta una predicción del futuro en unos 200 años. Proyecciones basadas en la teoría de la evolución
Neurociencias cognitivas y el otro inconsciente

"Creo que podemos decir que los discernimientos de Freud sobre la naturaleza de la conciencia concuerdan con
los puntos de vista más avanzados de la neurociencia contemporánea."
Antonio Damasio 1999.
El epígrafe sorprenderá a todos los que proponen que el psicoanálisis es una teoría caduca y una práctica clínica obsoleta a causa del progreso de las neurociencias y de la psicología cognitiva. Parece irónico que Antonio Damasio, uno de los más prominentes neurocientíficos de la actualidad nos invite a revisitar la obra de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.
Aparentemente, con la declinación del conductismo en Norteamérica a partir de 1960, con los importantes descubrimientos en neurociencias y con el surgimiento de las llamadas ciencias cognitivas, sostenidas en la cibernética, la teoría general de los sistemas, la informática, la lingüística, la filosofía de la mente y los descubrimientos en neurociencias de los últimos veinte años, algunos neurocientíficos actuales están mejor dispuestos a reconsiderar el valor de los escritos freudianos.
Estas nuevas lecturas de Freud por parte de los investigadores no psicoanalistas han dado lugar a una gran cantidad de proyectos y de textos buscando articulaciones entre las dos disciplinas. El entusiasmo ha llevado a algunos a hablar de un "Neuropsicoanálisis" y a fundar una Asociación Internacional Neuropsicoanalítica en el 2001. Otros, como Eric Kandel, neurocientífico y Premio Nobel de Medicina, aunque conceden cierto valor al psicoanálisis, proponen que la psicología que conviene al carácter científico de su disciplina es la psicología cognitiva, y por ello proponen hablar de Neurociencia Cognitiva, NC, nominación y abreviatura que usaremos en este texto.
Sin embargo, si se lee los textos neuropsicoanalíticos -y hay algunos muy atractivos e interesantes- es evidente que la revalorización de las propuestas freudianas no equivale a la aceptación del inconsciente freudiano y lacaniano y de los conceptos fundamentales del psicoanálisis. Después de todo, un Neuropsicoanálisis no es el Psicoanálisis.
La NC desarrolla la mayor parte de sus observaciones y teorizaciones alrededor del tema de la conciencia, retomado y remozado desde comienzos de los años 80. Sin embargo, aunque de un modo marginal, los investigadores en estas disciplinas deben admitir la existencia de procesos mentales inconscientes, para decirlo en términos cognitivos. Esta reconsideración de lo inconsciente les ha sido impuesta por la clínica, por sus observaciones experimentales y por sus elaboraciones lógicas y conceptuales. Vamos a ilustrarlo con tres reflexiones:
El asunto de la informática. Los expertos en informática de la NC han establecido que la conciencia como función mental y como experiencia fenomenológica de "aquí y ahora" es un proceso que maneja una cantidad muy limitada de unidades de información en cada segundo, desde 1 hasta 16 bits, según Gerald Edelman, neurocientífico Premio Nobel y versado en informática y filosofía de la mente. Para los neurocientíficos resulta casi inevitable admitir que la mayor parte de los procesos mentales de aprendizaje, memoria y pensamiento cursan a través de procesos de los que la conciencia no tiene ninguna noticia, y suponen el manejo de una cantidad inimaginable de bits por segundo. En este punto conviene recordar que Freud sostenía que conciencia no es sinónimo de mente, puesto que casi toda la vida mental discurre fuera de la conciencia.
El asunto de la eficacia de lo inconsciente. Se deriva de lo anterior. Los procesos mentales inconscientes se expresan de modo eficaz a través de pensamientos, afectos y actos motores y de palabra que llegan a la conciencia. Recordemos nuevamente que Freud trató el tema de la eficacia dinámica de lo inconsciente en un pequeño escrito de 1912, corolario de sus textos canónicos sobre el inconsciente freudiano, escritos entre 1899 y 1905.
El asunto de la clínica. Se articula con los dos anteriores. Hoy como en tiempos de Freud, la psicología y la clínica de la conciencia no permite una explicación satisfactoria de algunos fenómenos clínicos. Si una pretensión básica de muchas prácticas científicas es la explicación, parece que la NC no puede esquivar el asunto de lo inconsciente. Actualmente la mayor parte de los neurocientíficos como Kandel, Edelman, Damasio y Panksepp, admiten que lo inconsciente es algo más que la serie de actos motrices y automáticos que ejecutamos cotidianamente, como pensaba la neurociencia de hace 30 años.
Esta aceptación de lo inconsciente no obliga a la NC a admitir el inconsciente del psicoanálisis. Los distintos fundamentos epistemológicos de las dos prácticas, las neurociencias y el psicoanálisis, no lo permiten. En coherencia con su lógica interna, la NC debe desarrollar su propia teoría de los procesos inconscientes, distinta a la del psicoanálisis.
Las teorías acerca de lo inconsciente en la NC no son una piedra angular en su edificio teórico. El cuerpo conceptual de esta disciplina gira más bien alrededor de la conciencia, y de ella se desprenden los intentos de explicación sobre lo inconsciente. Esto es lógico. En este aspecto, la situación no es muy diferente a la que imperaba en los primeros tiempos de Freud, cuando él señalaba que en la filosofía de su época, en la psicología oficial y en la elaboración teórica de los clínicos de su tiempo, como Pierre Janet, el inconsciente era considerado como un no-consciente, o como una segunda conciencia paralela con la misma dinámica y propiedades que la conciencia oficial.
Otra consideración importante es el hecho de que la NC concibe al aparato psíquico como un sistema de procesamiento de información. Más allá de la experiencia de la conciencia como vivencia fenomenológica, su ocurrencia es en buena medida el efecto de un trabajo sobre la información. Una teoría sobre lo inconsciente en la NC, es igualmente una teoría sobre el manejo de la información, pero de características particulares en cuanto a su velocidad, amplitud y sistemas involucrados.
Con estos antecedentes, los trabajos sobre lo inconsciente en la NC giran básicamente alrededor de dos aspectos fundamentales y relacionados entre si: el asunto de la "localización" de lo inconsciente y el de los modelos funcionales.
En lo que concierne a la "localización", la NC actual ha superado el nivel del localizacionismo estrecho e ingenuo que se derivó de los trabajos pioneros de Broca y Wernicke sobre las afasias en la segunda mitad del siglo XIX. Estos dos investigadores, siguiendo el método anatomo-clínico, descubrieron un correlato en sus pacientes entre ciertas formas clínicas de afasia y lesiones muy definidas localizadas en zonas específicas de la corteza cerebral, en el hemisferio izquierdo. Había nacido el localizacionismo.
Estos descubrimientos impulsaron a otros investigadores a buscar las áreas cerebrales que controlan el funcionamiento de diversas funciones sensoriales y mentales en las décadas siguientes. Esta vía llevó posteriormente a plantear el problema en términos ingenuos y estrechos, bajo el supuesto de que había un lugar anatómico circunscrito para cada función o para cada síntoma.
No es raro que en esta lógica muchos se hayan planteado la pregunta por el lugar anatómico del inconsciente freudiano, ignorando que Freud indicó en varias ocasiones que su inconsciente no era un lugar anatómico.
Menos mal que la NC actual renunció hace algunas décadas al localizacionismo ingenuo gracias al replanteo del asunto del localizacionismo que se deriva de la teoría de los sistemas funcionales de Alexander Luria construida a partir de 1960. Esta teoría propone que la producción de las diversas funciones no es el efecto de un solo órgano o tejido en particular, sino más bien el emergente de la interacción y conexión de varios órganos y tejidos. Es verdad que una lesión de cierta extensión en la llamada área de Broca en el lóbulo frontal izquierdo, producirá invariablemente una afasia de expresión además de ciertos trastornos motores; pero la emisión del lenguaje hablado es un proceso en el que intervienen otras regiones de la corteza y del sistema nervioso, además del área de Broca.
Actualmente, ningún autor de la NC se plantea el tema de la localización del inconsciente freudiano en términos de anatomía cerebral. Cualquier propuesta se formula en términos de un sistema funcional.
El interesante libro El Universo de la Conciencia o Cómo la materia se convierte en imaginación, escrito por Gerald Edelman con la colaboración de Giulio Tononi, traducido al español en el 2002 y publicado por la Editorial Crítica de Barcelona, trae en parte una síntesis de las investigaciones y teorías de Edelman en los últimos diez o quince años. Pero la parte novedosa del texto es el permanente esfuerzo de inferencia del funcionamiento de lo inconsciente a partir de la conciencia, que recorre todo el libro y que reivindica el pensamiento de Sigmund Freud y su descubrimiento del inconsciente, al menos en la intención de Edelman.
Edelman comienza con una amplia definición de la conciencia y la presentación de su modelo de funcionamiento. La conciencia no es un lugar anatómico estático, dice, es más bien un proceso dinámico, especializado y permanentemente fluido. Para explicar este proceso propone la hipótesis del núcleo dinámico.
El núcleo dinámico es un proceso de interconexión momentánea y siempre cambiante de un grupo especializado de neuronas alrededor del eje tálamocortical, una estructura que liga ciertas regiones de la corteza con estructuras profundas del cerebro. En este eje, se establecen todo el tiempo y de modo cambiante interconexiones funcionales de distintos grupos neuronales que producen la experiencia integrada, continua y a la vez siempre cambiante, de la conciencia. No es un lugar anatómico único, no son siempre las mismas neuronas, lo que produce efecto de conciencia son las interconexiones que se establecen en ese momento. Proceso permanente, sólo interrumpido en las fases más profundas del sueño, en el coma y durante una crisis epiléptica. A partir de este modelo, resumido aquí de esta manera, Edelman desarrolla todas las propiedades de la conciencia y sus alteraciones.
A Edelman, neurocientífico brillante y buen lector de Freud (no son términos contradictorios como creen algunos), le resulta imperativo proponer una hipótesis para explicar el funcionamiento del inconsciente. La expone y la desarrolla aclarando que su esfuerzo sólo explicaría algunas propiedades del inconsciente, pero no pretende explicar la relación del inconsciente con el deseo, tal como la formula Freud y como la desarrolla Lacan, puesto que admite que el conocimiento y el marco teórico de la NC no sirven para ello.
El inconsciente es también un proceso, que discurre por diversos ejes paralelos al del núcleo dinámico, involucrando un número más amplio de estructuras que éste, desde la corteza hasta los ganglios basales y el cerebelo. En estos ejes funcionales de recorrido más largo, se producen permanentemente interconexiones que manejan una cantidad de información infinitamente superior a la de la conciencia. Este es el sistema de lo inconsciente, que está conectado con el núcleo dinámico de la conciencia a través de vías de entrada y vías de salida. De este modo, algo, una pequeña parte de lo inconsciente llega a la conciencia, y viceversa. Lo inconsciente funciona todo el tiempo, excepto en algunas fases profundas del sueño, en el coma profundo, en el episodio epiléptico y seguramente se deteriora en las demencias como la enfermedad de Alzheimer.
El modelo de Edelman le permite intentar explicar algunos fenómenos clínicos, como ciertos síntomas de las neurosis obsesivas, las crisis disociativas histéricas y algunos eventos cotidianos, especialmente cierto tipo de actos fallidos como los lapsus verbales, los de la escritura, el olvido de propósitos y los errores en la ejecución de actos. Este autor no pretende verificar la propuesta freudiana respecto a los sueños como realización de deseos, puesto que su teoría no tiene alcance para trabajar sobre el concepto del deseo en el psicoanálisis, según él mismo lo admite.
El trabajo de Edelman es muy sugestivo e interesante, aunque pone en evidencia cierto sesgo fundamental de la NC omnipresente en sus teorías sobre la conciencia y el inconsciente: la NC se ocupa fundamentalmente de la mente como procesamiento de información (conciente e inconsciente) y emisión de respuestas y su correlato neurofisiológico. Algunas categorías conceptuales fundamentales del psicoanálisis, como el deseo, el goce, la represión primordial, el complejo de Edipo, la pulsión y el sujeto del inconsciente, no conciernen a la NC en virtud de su estatuto epistemológico y su aparato conceptual. Por otra parte, el inconsciente freudiano no es un mero dispositivo de procesamiento de la información, empezando por el hecho de que la noción de la información está cuestionada en el discurso psicoanalítico.
En síntesis, el sujeto de la NC es el sujeto de la conciencia, aunque en esa disciplina haya un modelo de funcionamiento de lo inconsciente. El sujeto de la conciencia no es el sujeto del psicoanálisis.
La unión hace la fuerza
La unión hace la fuerza. Un estornino de 20 cm de tamaño no puede competir con las afiladas garras de un halcón de casi 38 cm. Pero miles de ellos sí. Como en una película de zombis, es la fuerza del número lo que imprime carácter. Seguramente, todos hemos contemplado las nubes de estorninos que sobrevuelan al atardecer los cielos de muchas ciudades europeas y asiáticas en compactas formaciones, ofreciendo un espectáculo similar a un ballet aéreo. Ahora, los científicos desentrañan por primera vez las claves de este comportamiento gregario.
De seis en seis
Entre un estornino cualquiera, llamémoslo A, y otro calificado como B, siempre hay seis pájaros de separación. Los investigadores han descubierto que cada ave está ligada a otras seis, a las que nunca pierde de vista, ya que se mantiene como mucho a un metro de distancia de ellas; y cada una de esas aves está, a su vez, vinculada a otras seis. Gracias a la suma de estas interrelaciones es como los estorninos construyen sus formaciones, cuya cohesión no parece romperse nunca.
Sin embargo, volar en formación no es un mero capricho estético, sino una cuestión de supervivencia. Porque cuanto mayor es el grupo, menos probabilidad tiene cada individuo de ser capturado por un depredador. La zona más segura es el corazón de la bandada, un área exclusiva que solo ocupan los más privilegiados: los machos de más edad. Por el contrario, las hembras y los machos jóvenes son desplazados a los bordes de la formación, que es la zona más expuesta a las incursiones de las rapaces. Esta aparente injusticia queda parcialmente compensada por el hecho de que la mayor acumulación de individuos en la parte exterior crea un efecto muro que, en ocasiones (pocas, todo hay que decirlo), disuade a los depredadores de lanzarse al ataque.
Los ‘chulitos’ de la bandada
Pero lo más sorprendente es que los investigadores han descubierto que algunos machos no tienen miedo al peligro. Despreciando la seguridad de la formación, algunos vuelan en solitario. ¿Por qué? “Son los vigías”, explica Amotz Zahavi, un biólogo israelí que lleva una década estudiando el comportamiento de los estorninos. “Arriesgan su vida para alertar a sus congéneres.” ¿Pero qué les impulsa a rechazar la protección de la masa y a sacrificarse por el bien colectivo? ¿Existe un comportamiento altruista entre las aves? “Lo hacen por prestigio social, por decirlo de algún modo”, explica Zahavi. “Un macho capaz de desafiar a las rapaces en solitario les está diciendo a las hembras que es el más hábil del grupo y, por tanto, la mejor opción para aparearse”.
EL PUNTO EXACTO DEL CEREBRO DONDE SE LLEVA A CABO EL CONDICIONAMIENTO DEL MIEDO
El miedo es una emoción poderosa, y los neurocientíficos han localizado, por primera vez, las neuronas responsables del condicionamiento del miedo (el mecanismo por el que se aprende a temer a un estímulo particular) en el cerebro de los mamíferos. El condicionamiento del miedo es una forma de aprendizaje asociativo y está considerado como un sistema modelo para el estudio de las fobias humanas, el estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad.
Usando una técnica que les permitió seguir en imágenes el proceso de activación neuronal en cerebros de ratas, la psicóloga Ilene Bernstein, de la Universidad de Washington, y su equipo, han identificado el núcleo basolateral en la región del cerebro llamada amígdala, como el lugar donde es codificado el condicionamiento del miedo.
Los neurocientíficos ya sospechaban antes que tanto la amígdala como el hipocampo dorsal son los lugares donde los detalles se asocian cuando los recuerdos del miedo son formados. Pero el nuevo trabajo indica que el papel del hipocampo es procesar la información sobre los estímulos condicionados y transmitirla a la amígdala.
El condicionamiento asociativo es una forma básica de aprendizaje en todo el reino animal, y es empleado con regularidad al estudiar cómo pueden cambiar los circuitos cerebrales como consecuencia de la experiencia.
En una investigación anterior, los neurocientíficos de la citada universidad estudiaron la aversión al sabor, otro comportamiento de aprendizaje asociativo, y descubrieron que las neuronas críticas para el proceso que determina cómo las personas y los animales aprenden de la experiencia, están ubicadas en la amígdala.
El nuevo trabajo fue diseñado para buscar dónde la información sobre los estímulos condicionados y no condicionados converge en el cerebro, cuando se constituyen los recuerdos del miedo.
Tanto el aprendizaje del miedo como el aprendizaje de la aversión al sabor son ejemplos de aprendizaje asociativo en el que dos experiencias ocurren juntas. A menudo esta clase de aprendizaje se realiza con mucha rapidez porque las cuestiones sobre las que trata suelen ser críticas para la supervivencia; evitar lugares peligrosos o alimentos tóxicos es fundamental para no acabar falleciendo prematuramente.
A menudo las fobias se activan en quienes las padecen a partir de detalles que evocan el recuerdo de algo malo que les sucedió, como por ejemplo, ser picados por una araña o atracados en un callejón oscuro. De ese modo, un trastorno de ansiedad se acaba desarrollando en tales personas.
Logrando un conocimiento más profundo sobre el proceso del condicionamiento del miedo, los psicólogos podrían aprender a tratar los trastornos de ansiedad desde un enfoque basado en debilitar o anular ese condicionamiento.
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